Agricultura por ambientes: un traje a la medida de cada suelo

Se siembra y fertiliza en base a lo que cada porción de suelo “te dice”, evitando los promedios por lotes. El aporte fundamental de la imagen satelital, los sensores y el big data.

Santiago del Solar es ingeniero agrónomo y productor agrícola del oeste bonaerense, en Trenque Lauquen y Pehuajó. Habitualmente hace cultivos de rotación alternando entre trigo y soja-maíz temprano, o de cobertura como maíz tardío y girasol. Es un hombre muy dedicado a la actividad de manera diaria.

Hasta acá no habría mayores diferencias que con las de cualquier productor de la zona. Sin embargo, el campo de Santiago no está dividido por potreros rectangulares enumerados, separados por alambrados como se suelen organizar los terrenos agrícolas: una imagen aérea de su establecimiento muestra a sus lotes separados por contornos ondeados, no uniformes, y sin alambrados. ¿Por qué? Están divididos según las características macro y microambientales naturales de cada porción de suelo.

Esto se debe a que desde el 2005 Santiago practica agricultura por ambientes, un planteo que además de ser ecológico y estar en armonía con la naturaleza, le permitió tener mejores rindes y ahorrar en insumos.
Los suelos según sus macro ambientes y microambientes

“Históricamente en la agricultura trabajamos con lotes que forman líneas y ángulos rectos fertilizados de manera uniforme según la cantidad promedio de fósforo o nitrógeno que hay en todo ese terreno”, ejemplifica Santiago, quien agrega que lo mismo sucede con la siembra: “Si bien en un segmento de un mismo lote lo óptimo puede ser sembrar 50 mil plantas de maíz, y en otro 77 mil, se realiza un promedio y se siembran 70 mil, sin tener en cuenta que hay densidades distintas de siembra, es decir, que cada diez o quince metros la situación es diferente que el promedio general, más imperfecta”, explica Del Solar.

Fue gracias a su contacto con los monitores de rendimiento en las cosechadoras, las fotos satelitales, y satélites como el Landsat 7, que Del Solar pudo dar cuenta de las diferencias de rendimiento a escasos metros de distancia, llegando a la conclusión que “a lo distinto hay que tratarlo distinto”. Así, empezó a ambientar los suelos, es decir a delimitarlos por su homogeneidad, aunque tengan forma irregular “como la naturaleza misma”.

Estos soportes le permitieron ver, por ejemplo, en tiempo real, que el mismo maíz estaba rindiendo sesenta quintales en un lugar y treinta metros más adelante 120.
Los microambientes

“A partir de estos macroambientes empezamos a refinar con los microambientes”, cuenta el agrónomo, quien tiene veinte microambientes distintos, segmentados de acuerdo a la cantidad de arena, la profundidad de napa, la presencia de tosca, el relieve, la altura; entre otras variables, las que le permiten evaluar “cuánto es adecuado sembrar y fertilizar en cada parte”.
Ventajas: económico y ecológico

“Este modelo de agricultura trae beneficios no solo ambientales sino económicos, ya que al no fertilizar un sector de campo que no necesita una fertilización, aplicamos los nutrientes justos y necesarios y no desperdiciamos”, apunta del Solar, quien afirma también que aplica mucho menos herbicida. Un aporte fundamental fue el de las nuevas tecnologías como los sensores, que le permiten detectar la maleza de antemano para poder aplicar herbicida casi “a nivel de cada planta y no por metro cuadrado”.
La respuesta: en maíz, donde mejor anduvo

“Con este modelo, me subieron los rindes y me bajaron los costos”, comenta el productor de Trenque Lauquen, quien explicó que en maíz se puede ahorrar hasta un veinte por ciento en la semilla, y hasta cuarenta dólares por hectárea más de fertilizantes, lo que permite llegar a ahorrar en un paquete tecnológico hasta cien dólares por hectárea, además de obtener entre diez y quince quintales más de maíz en la zonas de mayor rendimiento.
¿Como es provista la información para ambientar cada suelo?

Drones, monitores de rendimiento, la rastra veris y las imágenes satelitales son las herramientas fundamentales que usa Del Solar para “ver la evolución del cultivo, analizar y tomar decisiones”. El ingeniero agrega que la posibilidad de obtener cada cuatro días una imagen satelital de cinco por cinco metros, permite obtener cada vez más información y ver, por ejemplo, si el cultivo está sufriendo el ataque de una enfermedad, stress, etc.
El aporte del Big data

Para el productor, “uno de los puntos fundamentales para crecer en este tipo de sistemas es trabajar en colaboración con la ciencia de los datos, ya que las imágenes satelitales y monitores de rendimientos proveen tanta cantidad de datos que el agrónomo solo no puede aprovecharla: “el dato puro ya no sirve sino no pasa por un análisis que te permita tomar decisiones como ¿siembro más tarde o más temprano? ¿Delimito un microambiente en tal zona? ¿Siembro maíz más temprano en un lugar donde tengo la napa un poco más alta?”, concluye Santiago.

Autor: Lorena Arroyo

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